FÉLIX JURADO
Memorias de un niño de la guerra (1936-39) escritas cuando me jubilé (1989). Dedicadas a la madre de mis hijos, Lucía Escobar Fernández
DECIMOCUARTO CAPÍTULO:
EN VIC (I)
(EMIGRACIÓN - CUARTA PARTE)
Yo encontré trabajo en Vic enseguida. El José Molist me dijo: "¿Tú no sabes también de ferrallista, que allí en el pantano hacéis de todo?", y me dijo: "Ve a ver a este (me dio la dirección) y dile que te manda Molist, el mecánico.
Fui a ver a Jaime Anglada, más conocido por el Carlís. No estaba allí el Jaime, estaba uno de sus hijos, el Pepito. Le dije a dónde había estado trabajando y quien me mandaba. Me dijo: "Mañana a las siete si quieres te vienes a trabajar". Me dijo que ganaría 350 a la semana, y las horas extras a 11 pts. Le dije: "Mañana no podré venir porque tengo que mirar a ver si nos pagan".
Le conté por lo que no había cobrado, y me dijo: "Pues ven lo más pronto que puedas, que harás unos tubos que tenemos pedidos". Yo le dije: "Si eso no he hecho yo nunca". El me dijo: "Eso tiene poco que aprender". Después nos vimos el José Sanz Oña y el Antonio Fernández y yo y llamamos al pantano y le dijimos al Torras que cobraríamos lo que nos decían, que cuando podíamos ir para cobrar. Nos dijo: "Esperadme en el Hotel Colón, que voy yo ahora para allá". Entre los días que tenía trabajados y lo que me dieron del despido no llegó a 4.000 pts. El tiempo que estuve en el pantano fue desde el día 20-9-1948 hasta el día 24-5-1958, y después en el otro sitio que trabajé en Cataluña, en can Jaume Anglada, fue desde del día 2-6-1958 hasta el día 27-8-1985 (ya diré algo de estos 27 años). Del pantano pude haber escrito mucho más, pero para decir que estuve diez años de los mejores de la vida de una persona trabajando como esclavo ya hay bastante.
El primer día que empecé a trabajar en can Carlís hice lo que me había dicho el Pepito, los tubos de porlan. Los hacían con moldes y con un pequeño pisón de hierro tenía que ir tupiéndolos. Iba echando pasta semiseca y los tenía que tupir por igual y que quedaran bien prensados, si no cuando le quitaba el molde se rompían. El primer día fui con mucho cuidado y sólo se me rompió uno, pero después yo quería hacer más cantidad de tubos y se me rompían más, y le dije a Pepito: "Esto que después de tener hechos los tubos se me caigan, no me gusta hacer de estos". Y él me dijo: "Tú no te enfades, que eso le pasa a todos los que hacen tubos".
Seguí así unos días, y como yo no hay cosa que me sepa peor que después de hacer una cosa tenerla que deshacer le dije: "Si no me mandas hacer otra cosa, tendré que buscar otro trabajo por ahí". Me dijo: "Cuando terminemos de hacer el pedido que tenemos, después te estarás aquí con nosotros en los hierros". Allí iban dos a hacer tubos cuando tenían horas libres. Uno era municipal; se llama José Maireles. Ese es sevillano. El otro era buros, de esos que estaban antes en las entradas de los pueblos para cobrar las mercancías. Ese se llama Manuel, y es gallego, y como entonces no había muchas obras ellos iban haciendo los tubos que hacían falta. Yo, a los pocos días de estar haciendo los tubos, me hice daño en la muñeca de la mano derecha. Como hacía pocos días y no me habían dado de alta en la seguridad social, me llevó el Pepito a una curandera, que era pariente suya. Como no me habían dado de alta en la seguridad social no me pude dar de baja. El me dijo: "No vengas a trabajar unos días", pero yo le dije: "No haré tubos, pero haré lo que pueda por aquí". Cuando vino Jaime, me llevó donde le llevaban los papeles y me dieron el alta en la seguridad social. Un día, hablando con el Pepito, que era el hijo que estaba al cargo de aquello entonces cuando no estaba allí el padre, le dije que en Sau había hecho yo unas piezas que eran poco más o menos como unas bovedillas, que eran como las que me decía él que querían hacer, y que ya tenían la máquina en casa de Roura. Al poco tiempo de estar allí me dijeron que tenía que ir a can Roura para hacer de aquellas bovedillas. Allí ya habían probado de hacerlas, pero echaban la pasta demasiado mojada y se les caían muchas.
En can Roura estuve haciendo bovedillas hasta que Jaime Anglada hizo unos cubiertos en la travesía de Busquet, que fue el primer terreno que había podido comprar el Jaime. Porque el piso donde vivía y donde hacía los tubos y las demás cosas eran arrendados a Busquet. En can Roura, además de hacer yo las bovedillas, por la noche íbamos 3 o 4 a hacer unas vigas. Eso lo hacíamos a 15 pts la hora. Nos ponían tres horas para hacer aquello y si terminábamos antes, pues plegábamos o dábamos de mano antes. Allí hacíamos fiesta el sábado por la tarde, y yo me iba a trabajar en ca el Jaime, que allí no se hacía fiesta el sábado por la tarde, incluso había domingos que se trabajaba por la mañana. Mi mujer también se puso a trabajar en una fábrica de tejidos y cuando terminaba iba a hacer faenas en alguna casa, o sea, a hacer limpieza. Y nuestro hijo iba al colegio. Muchas veces se iba él solo, con poco más de 4 años que tenía. Suerte que entonces no había tantos coches, y lo deicidio que era él. También eran los tiempos que teníamos que espabilarnos si queríamos remontar el vuelo.
No nos podíamos dormir en los laureles. De Sau trajimos conejos y gallinas. Yo, por la mediodía, cuando venía a comer, iba con una bicicleta y cogía un saco de hierba y lo ponía en el portaequipajes y así tenían comida los conejos hasta que después empecé a hacer bovedillas a destajo, y tuvimos que deshacernos de los animales porqué no podíamos atenderlos. Eso fue cuando ya estábamos en la casa que es la nuestra, no cuando estábamos en la casa que nos dejó el cura provisionalmente, que él creía que nos iban a hacer antes la nuestra.
Como el contratista, que era Cumeras, iba haciendo aquello y otras cosas se retrasaba más de lo que tenía, para hacer las casas entre las que una era la nuestra, y como el que tenía que venir a la que estábamos nosotros estaba en otra y tenía que pagar el arrendamiento, nos dijo el cura que si queríamos, como aquello se iba retrasando, le pagáramos al que era suya la casa en que vivíamos nosotros la mitad de lo que él pagaba de arrendamiento, y así lo hicimos. Cuando llevábamos nosotros unos meses en aquella casa, un día vino mi hermano y la que más tarde sería su mujer, y me dijo: "¿Quieres que se quede aquí unos días la Marcela hasta que encontremos algún sitio a donde vivir?" Yo le dije: "Por qué no dejas a la novia donde estaba sirviendo?" Dijo: "Porqué no quiero que esté allí".
Estuvo en casa ella unos días, pero un día se la quería llevar por ahí y me puso un papel encima de nuestra cama. Decía: "Si no venimos esta noche, no nos esperéis que nos vamos por ahí". Yo, cuando cogí el papel y lo leí, todavía estaban ellos cerca de la casa y los llamé y le dije: "Marcela, no te vayas que te quiere llevar no sé donde". El se enfadó conmigo y ella al otro día se fue a Hinojosa del Duque, a casa de su madre. Después fue mi hermano a Hinojosa y se casaron y se pusieron a vender pescado y otras cosas, y después no les fue muy bien y volvieron a Vic. Después diré algo más de ellos.
Sigamos con la familia, en este caso con la hermana de mi mujer y su marido. La hermana de mi mujer, la Emiliana, cuando se fue a Hinojosa le salió allí un novio y se casó y se la llevó al campo. Como ella había estado aquí le dijo al marido: "Le podemos escribir a mi hermana y que nos busquen allí trabajo y nos vamos allí.
Nos escribieron y yo le busqué trabajo y se vinieron. Les dimos posada donde vivíamos nosotros, y él trabajó donde trabajaba yo. El pertenecía en Can Roura, y yo en can Jaime Anglada, y cuando él vino empezamos a hacer bovedillas a destajo. El local que hizo el Angalda no era muy grande y cada día teníamos que hacer la mitad del mimos. Aquello, entre hacerlas, sacarlas y cargarlas, como íbamos a destajo, en unas 7 horas lo podíamos hacer todo. Poniéndonos a las 9 hasta las 1230, y de 2 a 530, teníamos tiempo. Yo, algunos días antes de irme al trabajo, como mi mujer y mi cuñada se iban a trabajar a las ocho, me llevaba a mi hijo al colegio de monjas que hay en la carretera de Barcelona. Mi cuñado se iba al trabajo mucho antes de la hora, pues cuando estaba de pastor estaba acostumbrado a levantarse cuando se hacía de día, y cuando yo llegaba ya tenía la pasta medio hecha. Yo le decía: "¿Para qué haces esto, si después a la tarde tenemos que estar parados?", pero él no hacía caso. Yo, cuando terminábamos si no me decía el Pepito nada de que tenían que venir a cargar bovedillas me iba y cogía hierba para los conejos. A Tomás (que así se llama mi cuñado) el Pepito cuando yo me iba lo llamaba y lo tenía allí ayudándoles a ellos, y cuando daban de mano los otros a las 7 todavía se quedaba el Tomás con Pepito para llenar unas piezas que hacían para los tejados. Un día eran las 9 y todavía no había venido, y su mujer se puso a llorar diciendo que a su marido le había pasado algo porqué la hora que era y no venía. Tuve que coger la bicicleta y fui a ver qué pasaba. Cuando llegué todavía estaban llenando moldes. Estaban allí Jaime, Pepito y Tomás.
Yo llegué negro y le dije al Pepito: "¿Cómo tienes aquí a este tanto tiempo? Su mujer está llorando pensando si le habrá pasado algo y tú lo haces aquí trabajar y no le pagas nada". Entonces me dijo el Jaime: "¿Cómo que no le paga nada". Yo le dije: "Le paga lo que le tiene que dar de las bovedillas que hacemos, pero por las horas que hecha aquí no le da nada". Desde aquel día, si hacía allí alguna hora se la pagaron. Pero para hacer los Carlís los millones que han hecho tenían que ser así, sacarte el máximo rendimiento con el mínimo dinero, y otras cosas que los empresarios hacen.
Con mi cuñado terminamos regañados. Un día no tuvo otra ocurrencia que decirme que me vine del pueblo huyendo para que no me metieran en la cárcel. Yo le dije de todo menos bonito. Cuando eso, ya vivíamos en la casa que me hicieron a mí. Por aquellas fechas empezó un revuelo de mala leche en la familia. Mi cuñado Pedro Creus, al poco tiempo después que me dieron a mí la casa echó a mi madre y hermana Carmen de su casa. Les dijo que se fueran conmigo, que él bastante tiempo las había tenido. Ese fue el pago que les dio después que mi madre vendiera la casa de Hinojosa y le dejó a ellos el dinero para que se vinieran de Vilanova de Sau.
Así nos juntamos en mi casa mi madre y hermana, la hermana de mi mujer y su marido, y nosotros. Después se fueron mi cuñada y su marido a casa de mi hermana María, y el Tomás pidió la cuenta de can Roura y se fue a trabajar con los albañiles de can Roura. Se fue porqué discutíamos él y yo, pero después yo estuve 27 años en el mismo sitio y él estuvo en varios sitios.
Mi madre estuvo en mi casa hasta que se casó mi hermana Carmen. Después de que se casó mi hermana la familia de donde iba mi madre a trabajar le dijeron: "Como ya no tiene que cuidar a nadie se puede usted quedar aquí a dormir". Así lo hizo; se ve que la única que tenía que cuidar era a su hija menor. Mi hermana, cuando se casó, se fue a vivir con los suegros; su marido como ya es sabido, trabajaba con su cuñado Molist de mecánico y el Molist, cuando hizo una casa de tres pisos y el taller debajo, le dejó a mi cuñado un piso, y cuando se fueron hacia allí de casa de sus padres ya tenían hijos y se fue mi madre otra vez con su hija menor.
Le daría la corazonada que aquello sería para ella más buena inversión: le ha cuidado a los hijos, pero mi cuñado Jordi Serrat dejó la mecánica porque era aficionado a la pintura de cuadros y hoy viven como los millonarios. Mi madre, con dos pagas, la de viuda y la de cuando ella trabajó, y con mi hermana que no le faltaba de nada... ni en sueños nos hubiésemos creído que hubiese tenido una vida como tiene ella y sus hijos.
Vuelvo a los primeros meses que estuve en can Jaime Anglada. De los dos hijos que tienen varones, Pepito es el mayor y como dije anteriormente era el que estaba al frente del trabajo cuando no estaba su padre. El otro, que se llama Pedro, trabajaba como uno más de los obreros que tenían allí, que cuando yo fui estaba en los hierros y para lo que hiciera falta. Además de ellos había tres: dos catalanes y un valenciano, y los dos que iban a hacer tubos en las horas que tenían libres y otros que tenían en can Roura que pertenecían a Jaime.
Había días que se iban a montar hierros el Jaime y Pepito y los otros tres. Nos quedábamos el Pedro y yo en el taller aquel, y por la tarde lo mismo que por la mañana, nos pasábamos un cuanto de hora para comernos un bocadillo.
Por la mañana el Pedro se iba a su casa que estaba al lado, y yo cuando terminaba me ponía a trabajar. El echaba más tiempo y por la tarde, cuando nos poníamos a comer, él se comía una barra de pan de medio kilo y lo que su madre le ponía dentro de la barra. Yo terminaba mucho antes que él y le decía: "Termina Pedro que no vamos a hacer esta tarde lo que nos ha dicho el Pepito". (En catalán hay la costumbre de llamar a la gente por el nombre y no por el parentesco). El me decía: "Tú tranquilo, que si hacemos caso de Pepito nos reventaríamos trabajando". Por las tardes iba por allí un muchacho que vivía en calle Montserrat, tendría 10 o 11 años y el Pedro lo mandaba a que su madre le diera el bocadillo. La señora María, que así se llama la madre de Pedro, siempre le daba al muchacho otro bocadillo para él, así el muchacho no faltaba ninguna tarde.
Una tarde vino con él otro hermano suyo que tendría dos años más que él y cuando vino con los bocadillos aquella tarde, dijo el Pedro: "Dale a tu hermano la mitad del bocadillo", y dijo que se lo había dado su madre para él y no le daba nada a su hermano. El Pedro se lo quitó y se lo dio a su hermano y le dijo: "Vete y no vuelvas más por aquí. Cuando no le das a tu hermano un trozo de bocadillo, qué me darías a mí". Yo, cuando vi lo que hizo y dijo el Pedro, pensé este es un joven con un corazón, como hay que ser; entonces tendría unos 18 años.
Pero el paso del tiempo y el maldito dinero lo volvió como se vuelve un calcetín. Se lo he recordado yo a él más de una vez, cómo era y cómo es, y él me dice que la gente lo ha hecho cambiar. Yo le he dicho: "No habré sido yo". Los meses que estuve yo en can Roura, hasta que su padre hizo el cubierto, él también estaba allí trabajando y yo un día le dije a su madre: "Señora María, el Pedro no debían ustedes de dejarlo que fuese por la noche a hacer eses 2 o 3 horas que tenemos que hacer, que es muy joven y ya trabaja bastante con el día". Ella me dijo: "Es que se quiere comprar una bicicleta nueva", y así fue. A él y su hermano les pagaba su padre un jornal. Cuando el Pedro tuvo la bici nueva le daba la vuelta a Vic por el Portalet y cogía toda la Rambla y salía al Prat y algunos días cuando se cruzaba conmigo me saludaba con la mano y salía como una flecha. No sé si me equivoco, pero yo lo veía entonces más feliz con lo que tenía que hoy con tanto como tiene.
Dejemos al Pedro de momento. Como dije anteriormente, las primeras bovedillas que hicimos a destajo las hicimos mi cuñado y yo, y cuando él se fue me pusieron a uno que era mayor. Aquel no quería ir a destajo, y a jornal decía el Pepito que no le tenía cuenta, ni a él ni a mí tampoco: a él porque le hacían falta más bovedillas, y a mí porque me hacían falta los cuartos para terminar de pagar mi casa.
Un día vino Jaime Anglada donde hacían las bovedillas y me dijo: "Félix, la semana que viene vendrá contigo uno que será tan joven o más que tú; por lo menos la mujer que yo he visto es joven y buena moza". Así fue: vino uno que no era tan buen mozo como su mujer y de oficio tenía zapatero, pero allí se hizo un hombre como él dice. Se llama Jaime Lara y su mujer Dolores. Yo por estar al cargo de aquello ganaba 10 céntimos más que él por bovedilla; yo le decía Jaime: "Si quieres que ganemos los dos lo mismo, tú haces un día las bovedillas en la máquina y otro las hago yo". El me decía: "Ya tengo yo bastante con llevarlas y sacarlas de los moldes, no me compliques más la vida". Me decía: "Yo que no había hecho fuerza en mi puñetera vida y aquí me voy a hacer más fuerte que el Tarzán".
A lo primero me decía que para subir al piso tenía que subir cogido a la baranda, sino no podía subir. No sé si no exageraba. Yo tenía 35 años y él 30. También me decía: "¿Toda mi vida tendré yo que estar haciendo esto? Cuando lo pienso me pongo malo?" Yo le decía: "Tú no cuentes el tiempo nada más que por medios días; piensa lo que tienes que hacer por la mañana, y al medio día lo que tienes que hacer por la tarde". Se hizo fuerte, como él decía. A lo primero, cuando cogía un saco de cemento (pesaba aproximadamente 50 kilos), se veía negro para moverlo pero después los cogía con bastante facilidad. Nosotros ganábamos casi el doble que a jornal, y aquello lo animó mucho.
Una temporada nos llevó el Angalda a la fábrica de can Rata que hacían unas naves y allí teníamos que hacer más horas que un reloj. Nos poníamos a las 6 de la mañana y lo más pronto que dábamos de mano era a las 10 de la noche de Lunes a Sábado y los domingos que teníamos que ir era de 6 a 1. Allí íbamos todos los que tenía, que ya éramos 6 o 7, y los que se quedaban en el taller era el Pedro y un chaval primo suyo que se llama Esteve.
Cuando empezó a trabajar allí tenía 14 años. Allí en la pallería ya estaba de encargado de aquello, además de Pepito, uno que sería después cuñado suyo, Bernat Bigas. El Pepito estaba con los que tenían que montar el hierro, y el Bernat con los que teníamos que preparárselo. Estando allí llevaron una máquina para cortar el hierro (antes había que cortarlo con una cizalla a fuerza de sangre). Allí también venía Manuel, el gallego que venía a hacer horas cuando podía, y como el Bernat siempre decía: "A ver si podemos hacer unos hierros más", el Manuel le decía: "A sardina a sardina reventó el arriero al borrico". El Bernat empezaba allí su carrera de explotador explotado. El Lara y yo estuvimos allí una temporada, y como empezaba la construcción a moverse y las bovedillas que teníamos adelantadas se terminaban, nos mandaron otra vez a hacer bovedillas.
Entonces, como también hacían falta tubos, el Pedro y el Esteve hacían después de hacer la jornada, tubos de los más gordos que hacían allí: eran de 50 centímetros de diámetro. El Esteve hacía la pasta y el Pedro los tubos. El Bernat y el Esteve eran o son los dos de casa de payés. El Bernat pronto se hizo lo que dije anteriormente: ese ya vino allí a lo que vino. El Pepito, cuando iba a su casa a ver a la novia más que hablar con ella lo que hacía era enseñarle a su hermano cómo tenía que aprender los planos. O sea, que el Pepito fue el maestro de Bernat. Después tan fino ha sido el maestro como el discípulo. Al Esteve le costó más, como era más joven cuando entró allí, y hasta después que vino de la mili no tuvo mucha fuerza en la casa. El Bernat le quiso amargar la existencia como a tantos otros, pero el Jaime, como era su sobrino, le paró los pies.
Por aquellas fechas volvió mi hermano de Hinojosa. Según me ha dicho, el negocio que puso en Hinojosa con tener que ayudarle a su suegra y algunos cuñados, y lo que daba fiado y algunos no podía cobrarlos, y poco capital que tenía, se le fue a pique; por eso tuvieron que volver a Vic. Yo, cuando me enteré a donde estaban viviendo, fui a verles. Estaban en una casa de vecinos, y en la habitación que tenían para dormir tenían que aviar de comer: les servía de dormitorio comedor y cocina.
En mala hora le dije que se vinieran a mi casa, porque sirvió para salir peleados. Después se fueron a un piso en la calle del Remei y con ellos se fue mi madre, para cuidarle la hija y hacerle las cosas. Ellos tenían que trabajar los dos, como cada quisqui. Después juntaron algún dinero y mi madre, que también ayudaría algo, se fueron a Hostalets de Balenyà, a un piso que compraron. Antes de irse a Hostalets les pidió nuestra hermana Carmen que les dejara a nuestra madre, que ella se vino de donde trabajaba y se fue con ellos para que les cuidara los hijos y les hiciera las cosa de la casa porqué ella tenía que trabajar, porque con un solo jornal no se podía hacer nada. Mi hermano, después (creo, ya que como estuvimos varios años sin hablarnos) compró un camión de segunda mano y se puso a vender fruta por los mercados.
El y su mujer tenían que trabajar noche y día; esto sí me lo ha dicho él. después, cuando nos hemos vuelto ha hablar. Cuando pudo vendió el piso y compró un terreno y se hizo una casa que hoy en los bajos tiene una tienda y encima el piso en que viven. Y al lado de la casa un almacén puede que el venir a mi casa y salir peleados le sirviera para cambiar de vida. El dice que fue porque se hecho hábito de no sé qué santo; esas tonterías las creí mucho tiempo: hoy no lo creo, pero cada uno puede hacer lo que quiera. Fuese como fuese, hoy me alegro de que viva como vive él: tiene dos hijas y de la Petrita, que así se llama una de ellas, tiene dos nietas. La otra, la María del Carmen, está soltera.
Vuelvo a como íbamos trabando en can el Carlís. Un día le pedimos el Jaime y yo al Anglada que nos tenía que subir las bovedillas, porque habían subido los jornales hacía dos o tres meses y nosotros seguíamos cobrando lo mismo. Nos dijo que nosotros sacábamos buena semanada, y a ellos les quedaba muy poco de las bovedillas.
Como cuando estuvimos en la fábrica de can Rata conocimos a los dueños y uno de ellos vivía cerca de donde trabajábamos, una mediodía, cuando vimos que salía de su casa fuimos a decirle si nos podían dar trabajo en la fábrica. Nos dijo que lo viésemos al próximo mes, que a lo mejor nos podía dar.
La mujer de Jaime Anglada nos vio desde la ventana de su casa, que estuvimos hablando con aquel, y cuando fuimos el sábado a cobrar ya había hablado el Angalda con Roura y nos había subido las bovedillas. Cuando yo entré a cobrar me dijo el Angalda: "¿Qué estuvisteis hablando con el de la pallería, que os diera trabajo?" Yo le dije que sí, y me dijo: "Toma la cuenta de esta semana y podéis ir a otro sitio a ver si ganáis más que aquí". Yo le dije: "Eso ya lo sé, que si vamos a otro sitio y trabajamos a jornal no podremos cobra lo que aquí a destajo".
Si yo hubiese hecho caso de aquel hombre hubiese ganado mucho dinero en su casa, y bien visto, pero cada uno vemos las cosa de una manera. Ya diré alguna cosa de las que me propuso, además de que si no hubiese dicho a los otros lo que yo ganaba me hubiese dado más porque hasta que se hizo cargo de la empresa el Pedro y su mujer era él el que nos pagaba. El no hacía sobres ni nada. Cuando íbamos a cobrar íbamos entrando uno a uno en una habitación que le hacía de despacho, y a cada uno nos daba la semanada. Nos decía: "¿Cuantas horas tenéis?", a los que iban a jornal (yo, cuando dejamos de hacer las bovedillas fui mucho tiempo a jornal), y él, si había algún pico siempre hacía cuenta redonda y según veía que trabajaba uno le daba alguna pesetas de más
Un día, al poco de estar yo allí me dijo: "¿No les dará vergüenza de venir hablando malamente de los compañeros del trabajo?" Yo le dije: "Habemos gente para todo".
El era paleta, y como necesitaba más dinero que el que ganaba haciendo de paleta, empezó a hacer tubos y piezas para la construcción, asociado con otro. No tendrían el negocio en regla y les echaron 500 pts de multa. El otro se acobardó y él siguió solo y cuando yo fui a su casa, al poco tiempo, me dijo un día: "Si me pagaran lo que me deben recogería unas 300.000 pts y dejaría lo de can Roura (porque allí tenían que poner un monta cajas y le costaba muy caro) y nos quedaríamos sólo con los hierros para los muchachos y yo". Lo que él nunca pensaría que la construcción iba a empezar de la forma que lo hizo y él iba a hacer la fortuna que hizo.
Nosotros, como estábamos trabajando mi mujer y yo, también pudimos pagar la casa antes del tiempo que nos dieron para hacerlo. Mi mujer y yo teníamos buena salud y ganas de trabajar, y lo aprovechamos. Al que tuvimos con infección de vientre fue a nuestro hijo y se quedaba él solo en la cama con fiebre. Un día que tenía que venir el médico a verlo, le dije a mi mujer: "Hoy no vayas tú a trabajar", y él nos dijo que nos fuéramos los dos, que cuando viniera el médico él le abriría la puerta, y en un papel le dejara escrito lo que tenía que hacer. Yo, como estaba trabajando a destajo, me vine lo más pronto posible a casa. Tener que criar así a los hijos no es lo más recomendable; por eso, cuando mi hijo tuvo a su hija dijo mi mujer: "Esta, como yo pueda, no va a pasar lo que tuvo que pasar su padre".
Y así lo hizo. Como mi mujer ya hacía tiempo que no trabajaba fuera de casa y mi nuera estaba trabajando, cuando ella se iba a trabajar se quedaba mi mujer al cargo de la niña, y ya estaba ella tranquila de que su hija estaba bien cuidada. Así es más fácil de tener hijos. No como nosotros, con los nervios que teníamos y lo suelto que era nuestro hijo. Le di bastantes cachetes: lo que te digo es que si tú algún día le has dado a tu hija algún coscorrón habrás tenido la misma sensación que yo, que te habrá dolido a ti más que a ella.
Cuando nos faltaba por dar 15.000 pesetas para terminar de pagar la casa, fuimos mi mujer y yo a ver al cura y le dijimos que cuando hicieran las escrituras de unos cuantos, que ya las habían terminado de pagar, le daríamos nosotros lo que nos faltaba y nos pusiera con ellos en la lista para así hacerla cuando ellos.
El nos dijo: "Vosotros tenéis tiempo para hacer la escritura, no vayáis a quedaros sin comer para pagar la casa". Nosotros le dijimos que ya teníamos el dinero ahorrado. El no quería, pero como insistimos le llevamos el dinero, y cuando fueron unos cuantos al notario fuimos nosotros también. Fueron pasando conforme los iban nombrando y cuando terminaron a nosotros no nos llamaron y le dije a una joven, que era la que se cuidaba de hacer que pasara la gente: "Ya han terminado todos; ¿podemos pasar nosotros?" Nos dijo: "¿Cómo se llaman ustedes?" Le dije: "Lucía Escobar y Félix Jurado". Pasó a ver al notario y nos dijo: "Me ha dicho que esperen un poco, que ya les avisaría él". Cuando nos hizo pasar nos dijo que nosotros no podíamos hacer la escritura. Yo le dije: "Si nosotros ya la tenemos terminada de pagar, la casa". Nos dijo: "Yo no sé por qué hizo Cumeras eso". Y yo, antes de que me dijera nada más, dije: "¿Qué ha hecho Cumeras?" Me dijo que le hizo falta dinero y tuvo que hipotecar unas casas, y una de ellas era la nuestra. Yo, que había sentido decir que muchos con las hipotecas les habían quitado lo que tenían, me puse que no me cogía la ropa en el cuerpo. Le dije al notario: "Pues para ahorrar yo ese dinero he tenido que estar diez años trabajando en el pantano de Sau, y los años que llevamos aquí en Vic trabajando mi mujer y yo, y con muchos sacrificios para que un tío sinvergüenza como ese me quite a mí la casa". El me dijo: "No te pongas así, que a ti no te van a quitar la casa. Lo que yo no sé cómo ha hecho eso, porqué una hipoteca se hace 20 o 25 años". Yo no me callaba y le dije: "Si a mi me quitaran la casa diga usted a Cumeras que uno iría para la cárcel y el otro al cementerio y yo procuraría de ir a la cárcel".
El notario me dijo: "No te pongas así, hombre. Ya veré yo a Cumeras y se arreglará esto lo más pronto posible". Sí que lo arreglaron pronto: a la otra semana me mandó decir el notario que fuésemos mi mujer y yo para hacer la escritura. Cuando fuimos nos dijo que ya había quitado Cumeras la hipoteca. Yo le dije: "Pero nosotros no pagamos nada de eso", y él nos dijo: "Eso lo paga él". A partir de aquel día ya pudimos quedar tranquilos y decir que era nuestra la casa.
Seguíamos mi mujer y yo trabajando para poder algún día levantar un piso en la casita aquella. Tuvimos que esperar unos años hasta que lo hicimos. Mi mujer hacía 9 ó 10 horas haciendo limpieza de unas casas a otros, y, con las bovedillas a destajo íbamos el Lara y yo sacándonos una buena semanada.
Pero después nos fastidiaron. Una temporada que la construcción iba viento en popa y hacía falta mucha bovedilla, el Anglada y el Roura compraron una máquina que hacía dos bovedillas a la vez, y muy rápido. Vibraba y prensaba a la vez. También hacía 14 ladrillos de una vez, y antes de llevarnos al Lara y a mí a hacer bovedillas con aquella máquina pusieron allí a 5 hombres para que hicieran las bovedillas.
Estuvieron una semana los 5 aquellos y el Pepito. Aquellos, como estaba allí el Pepito todo el día con ellos, y muchos ratos estaban allí viéndolos el Jaime Angalda y el Roura, pues trabajaban como si fuesen a destajo el Angalda me decía: "Verás cuando vayáis tú y el Lara allí las bovedillas que hace aquella máquina". También me dijo: "Allí no iréis a destajo porqué aquella máquina hace muchas bovedillas". Yo le dije: "Pero eso tendrán que querer los tíos hacerlas, porqué la máquina sola no las hará", y así quedó aquella conversación.
El día primero que fuimos el Lara y yo ya teníamos que ir más temprano: nos poníamos a las 7 de la mañana y dábamos de mano a las ocho de la tarde. Teníamos hora y media de comida por la medio día y un cuarto por la mañana para comernos un bocadillo. Lo del bocadillo no había que recuperarlo; nos pagaban 11 horas y media se quedaba para las fiestas recuperables. Entonces había más fiestas que después, cuando quitaron las fiestas recuperables. El primer día que fuimos el Lara y yo vino con nosotros el Jaime Anglada y le dijo a los que estaban allí: "Ahora no estará aquí el Pepito, será el Félix el que esté aquí al cargo de esto porque es con él que tenemos más confianza".
Me dijo: "Cuando empiecen a hacer bovedillas llamas al Pepito y que te diga cómo va la máquina". Donde hacíamos las bovedillas era al lado de la sirbería; ellos ya tenían la fábrica de hacer las vigas hecha y eso se comunicaba con la fábrica que hacía las vigas, que eso da a la calle Segimundo.
También en aquel sitio se cumplió uno de los sueños de Jaime Angalda: hacer una casa de cuatro pisos, uno para cada uno de sus hijos, que son dos hebras y dos varones. Cuando el Lara y yo nos paramos a comernos el bocadillo la primera mañana que fuimos a donde estaba la máquina nueva, nos sentamos. Los otros comían de pié; yo les dije: "¿Que no sabéis comer sentados?" Se sentaron y uno dijo: "Es que los días que llevamos aquí siempre comemos de pie". Antes de terminar de comer vino Pepito y nos dijo: "¿Quién os ha mandado que comáis sentados?" Yo le dije: "Yo. ¿Es que tú no te sientas para comer?" Me dijo: "Bueno, si luego adelantáis el tiempo que echéis". Le dije: "¿No se hecha el mismo tiempo sentado que de pie?" Así quedó la cosa.
Los obreros, como somos tan hijos de nuestras madres, pues cuando estaban allí los dueños corríamos como desesperados, pero cuando se iban ellos paraban el ritmo. Yo como era el que estaba al cargo de aquello, se lo decía: "Cuando estén ellos aquí tenemos que ir al mismo paso que cuando se vayan", y lo que no eran capaces de decírselo a los dueños me lo decían a mí: "Es que a nosotros nos pagan poco para lo mucho que aquí se trabaja". Yo les decía: "¿Y eso por qué no se lo habéis dicho a ellos cuando estaba aquí el dueño todo el día con vosotros?" A los pocos días me dijo a mí el Pepito: "Cuando va allí Roura controla las bovedillas que se hacen en el tiempo que está él allí y luego no salen durante el día como cuando está él allí". Yo le dije: "Eso ya se lo he dicho yo a ellos, que vayan siempre al mismo ritmo y no que cuando vais vosotros allí corren como desesperados". El me dijo: "¿Tú por qué le dices que no corran?" "Te estoy diciendo que lo que les digo no es que no corran, sino que vayan siempre al mismo paso, estéis vosotros allí o no estéis".
Viendo que no se hacían las bovedillas que salían cuando estaba el dueño con ellos, me llamó un día el Jaime Anglada y me dijo: "Tú y el Lara haced que se saquen más bovedillas (porque ladrillos todavía no se habían hecho). Al fin de mes os daremos según la producción que se haga y así saldréis vosotros con un buen jornal. Aquella fue la mejor ocasión que tuve yo en aquella casa. No sé si al Jaime Lara se lo dijo el Angalda; supongo que no, porque el Lara nunca me dijo nada, ni yo a él tampoco le dije nada, pero con los miles de bovedillas y los ladrillos que se hicieron hubiésemos ganado bastante dinero y hubiésemos estado a bien por lo menos con los dueños. Lo que por querer defender a los compañeros de trabajo estuve muchas veces a mala con unos y con otros. Aquella vez le tuve que haber dicho a Anglada que nos hiciera oficiales, aunque hubiese sido de 2a, al Lara y a mí, y que nos hubiese dado el dinero que decía por la producción y no lo que le dije, que fue que le subiera el jornal a aquellos, que a donde iban sus mujeres a comprar iba la mía y a todos les costaba lo mismo. Se fue sin decirme nada y a los pocos días me llamó a parte de los que estaban allí trabajando y me dijo: "Hemos acordado el Roura y yo de subirle o mejor dicho subiros dos pesetas las horas y a ti te daremos las 200 pts que te damos de más que a los otros y tú cobrarás los puntos como se pagan en can Roura (allí salían a más de 100 pts cada punto y en can Angalda a 75 pts, eso era porque en un sitio había más casados que en otro, que tenían menos hijos) de aquello que te dije que te daríamos de la producción no te daremos nada". Cada uno tenemos nuestra manera de pensar y actuar y no hay que darle más vueltas a la cosa.
En aquellos años los empresarios hacían lo que querían (aunque siempre hacen lo que quieren, porque con el dinero que le rinden unos pueden echar cuando quieren a otros). Yo entré allí con todos los derechos, pero cuando llegó el tiempo de cobrar antigüedad no me la dieron. La pude cobrar cuando llevaba 14 años en la casa y porque ya estaba el jornal del convenio como el jornal que te daban, y las vacaciones como casi nadie hacíamos los día que nos tocaban, encima en vez de darnos el dinero en el verano lo dejaron para si durante el invierno perdíamos algún día por nieve. Todos protestábamos por detrás pero al dueño ninguno se lo decía. Un día fui yo donde hacían los hierros y los tubos y le pregunté al Bernat si estaba por allí el Jaime Anglada y me dijo que no y le dije: "Pues cuando venga dile que todos quieren que nos pague las vacaciones en agosto". Yo no sé lo que le diría el Bernat, lo que sé es que a los pocos días me vino a decir el Pepito que parecíamos modistillas, que no hablábamos nada más que por detrás y no éramos capaces de decir las cosas en la cara. Yo le dije: "¿De qué me estás hablando?" Me dijo: "De lo que me ha dicho el Bernat, que tú has dicho de que os paguemos las vacaciones en agosto". Yo le dije: "Pues precisamente fui a decírselo a tu padre y como no estaba se lo dije a Bernat que se lo dijera". A partir de entonces ya las pagaron en el mes de agosto.
Con las bovedillas siempre estaba el Pepito con la misma cantinela: que hacíamos pocas. Un día le dije a los otros: "¿Queréis que le diga a Anglada que si quiere nos dé las bovedillas a destajo, y así estará tranquilo él y nosotros?" Cuando vino por allí el Jaime Angalda se lo dije y me dijo: "Hablaré con Roura y ya veremos a como las podremos pagar". Llegamos a un acuerdo y las hicimos a destajo (las bovedillas, porqué los ladrillos, a como nos querían pagar probamos una semana y no sacamos ni el jornal. Suerte que ladrillos se hizo poco tiempo porqué con 7 partes de arena y una de cemento pronto se les rompían los picos y la gente no los quería).
De los que estábamos allí había uno que se llamaba Manuel Rojas. A ese, cuando le tocaba sacar las bovedillas de la máquina que iban las bovedillas encima de una madera (las tenían que sacar de la máquina entre dos) le echaban la culpa de todas las que se rompían, y más de uno me dijeron que le dijera al dueño que lo quitaran de allí. Lo puse para que hiciera la pasta y cargar camiones, y él y yo fuimos los dos que nos quedamos allí hasta que dejaron de hacer bovedillas. Al Jaime Lara le salió un trabajo que no eran todos los que lo querían hacer, pero él como, estaba apuntado a la Cruz Roja había tocado algunos muertos cuando las inundaciones de Tarrasa y Rubí, ya que estuvo él allí. El trabajo al que se fue era a la funeraria; tuvo suerte, ya que estuvo enfermo y hoy está de baja absoluta y cobra lo que no hubiese cobrado ni con mucho si se hubiese quedado en can Roura, que era donde él pertenecía.
Voy a hablar un poco de cuando yo hice el piso en mi casa, que lo tuvimos que hacer en domingos. Nosotros queríamos que un contratista nos hiciera lo de fuera y después hacer lo de dentro conforme fuésemos pudiendo, pero no fue así. Después de tener los tochos que nos los trajeron al nombre de dicho contratista (eso era por la primavera del 1963), y entonces se necesitaban más tochanas que hacían en las tejeras. Pero después de tener bastante material preparado para empezar la obra me dijo el contratista que se le iba un paleta o albañil y no podía hacerme el piso hasta después del verano y le dije: "Pues ya lo haré yo aunque sea en domingos". "Haz lo que quieras". Empecé la obra yo solo los domingos. Lo primero que hice fue hacer los agujeros para poner las vigas para el piso del piso, valga la redundancia. Entonces los cuatro vecinos que estábamos no podíamos quejarnos unos de otros porque todos teníamos los domingos para hacer una cosa u otra en las casa.
Cuando tuve hechos los agujeros busqué a dos para que me ayudaran meter las vigas levantamos un trozo de tejado y por allí los metimos después busqué dos albañiles que hacía poco que habían venido de Andalucía son de Alcaudete los dos estaban solteros y los dos siguen solteros y los dos se llaman Antonio. Ajustamos que le daríamos a 25 pts la hora, que entonces aquello era mucho.
A donde las pasamos más putas fue poniendo el machihembrado porque lo tuvieron que poner antes de levantar el tejado el primer domingo se fueron a comer y dijeron que vendrían por la tarde a echar otras 2 o 3 horas pero no vinieron así que una noche que fui a verlos a donde paraban les dije decidle a la patrona que el domingo no venís a comer que ya os daremos nosotros la comida y con eso trabajaron hasta media tarde la que más faena tenía era mi mujer No sé como todavía dice algunas veces que quiere hacer obras claro que hoy ni puede ni haría lo que tuvo que hacer entonces eso fue una vez y ya está ella me ayudaba a mí a preparar el material también había uno que le ayudaba a los paletas ese era vecino se llama Serafín mi mujer además de ayudarnos muchos ratos tenía que hacer la comida y después cuando se iban los albañiles ella tenía que lavar la ropa que hasta que pudimos comprar una pequeña lavadora tenía que hacerlo a mano y el lunes cada uno teníamos que ir a trabajar y nuestro hijo a la escuela. El también nos ayudaba a lo que podía. Tenía poco más de 9 años un día le dije que fuera en can Roura y le dieran un saco de rápido llevó un carretón él pidió un saco de cemento y se lo dieron de porlan. Yo no sé cómo pudo llegar a casa la criatura con 50 kilos que pesaba el saco cuando lo vimos venir salí yo a su encuentro y cuando vi lo que traía le dije cómo has podido venir tú con esto si era cemento rápido y él me dijo yo le dije cemento aquello fue una semana que pedimos los paletas y yo permiso para ver si podíamos cubrir la casa porque se lió un temporal de agua y llovía todas las tardes y nosotros estábamos debajo había veces que por la cocina caía el agua por donde estaba la luz como si fuese un caño pudimos estar en la casa porque levantamos media casa y cuando cubrimos aquella hicimos la otra.
A los Antonios les dieron el permiso más fácil que a mí teníamos prisa para cubrir la casa yo cuando le dije a Jaime que me tenía que quedar una semana para darle a mi casa un avance me dijo que se lo diría a Roura él siempre ponía a Roura por delante comer era el alcalde aquello era una garantía para él y me dijo que una semana les costaba a ellos los cuartos de seguro y yo le dije pues desde que estoy en su casa todavía no he hecho yo un día de vacaciones y esos no lo ven ustedes al final me dijo bueno como hay que echar un pavimento para que no se rompan las bovedillas buscaré un paleta y que lo echen.
Pues en la semana que estuve yo en mi casa echaron las tres cuartas partes de la nave aproximadamente y el día que yo fui le dije a los que estaban allí no sus da vergüenza de no haber terminado esto y el que vino de paleta me dijo es que esto está muy malo. Le dije vosotros si que estáis malos fui a ver al Pepito y le dije tu sabes cuánto falta todavía y me dijo sí. Le dije nos los das de tarea y cuando terminemos nos vamos? y me dijo hoy no lo podéis terminar yo le insistí no los das o no? Me dijo bueno pero no podréis. Le dije al paleta ve tirando puntos y vosotros ya podéis hacer pasta ya a media tarde estaba aquello terminado cuando le dije a Pepito que ya habíamos terminado no se lo creía y nos dijo pero todos no podéis iros por si viene por aquí Roura o mi padre ese fue una de las pocas veces que le sentí decir su padre, porque siempre decía Jaime. Yo le dije que se queden aquí los que quiera que el paletas ya se lo había dicho que si quería venir a mi casa a terminar unas pocos de machihembrados que quedaban que poner y otro de aquellos nos íbamos a terminar de poner unos machihembrados. Así pudimos dejar preparado lo de mi casa y al próximo domingo pusieron las tejas y ya pudimos respirar tranquilos y a continuación seguimos haciendo lo que había que hacer por dentro excepto el enyesado lo demás lo hicieron los Antonios había día que si llovía y a dónde estaban ellos trabajando no podía trabajar se venía a mi casa para el mes de agosto del 1963 ya pudimos nosotros vivir en el piso que hicimos y las habitaciones de abajo las alquilamos a personas que como nosotros anteriormente no encontraban quién les arrendara un piso los primeros que vivieron en nuestra casa fue un matrimonio de Hinojosa era Vicente Aranda que ya hace años que murió y su mujer que se llama María Flores después tuvimos allí familias de Andalucía y Extremadura.
También vivieron una hermana de la María y otra de Vicente y después cuando ya empezaron a arrendar algunos pisos a los castellanos como nos dices a los que vinimos de otras regiones de España. Nosotros teníamos arrendadas las habitaciones y el comedor la cocina y el cuarto de aseo era para el servicio de todos Había por aquellas fechas quien tenía arrendado hasta el comedor era dormitorio y tenían que comer en las habitaciones de todos los que vivieron en nuestra casa excepto uno los demás todos tienen hoy pisos propios Lo mismo ha pasado con los catalanes, que cuando nosotros vinimos a Vic era muy raro que un asalariado tuviese casa propia y hoy son pocos los que no tienen casa propia les pegamos el contagio los castellanos a los catalanes para que se espabilaran y se hicieran de casa propia Hoy somos con los pros y los contras las dos comunidades una gran familia.
La siguiente obra que hicimos mi mujer y yo fue nuestro segundo y último hijo. Cuando terminamos el piso nos quedaron 17.000 pts y nos compramos un televisor y así teníamos el cine en casa los sábados por la noche que era cuando se podía rondar. Siempre subían algunos de los que vivían en la casa a ver lo que hacían en la tele yo seguís trabajando en las bovedillas y mi mujer por entonces además de algunas casas que iba a hacer limpieza también iba a hacer la limpieza a una fábrica de perlas majóricas iba ella y otras dos mujeres una era la María Flores y otra una de Torredonjimeno que se llama Carmen mi mujer dio a luz nuestro segundo hijo estando trabajando en la fábrica de perlas. Dio a luz el día 6 de agosto de 1964 que era cuando estaban de vacaciones y cuando fue las muchachas que estaban allí trabajando le decía Lucy que bien que has sabido hacerlo, para no perder días has tenido el niño en las vacaciones. Después se salió de allí mi mujer porque ella le dijo al que se encargaba de aquello que la asegurara y como solo hacía allí tres horas no quisieron y dejó aquello la que le ayudó en el parto, que fue en casa, además de la comadrona, fue la María Flores y yo que tuve que poner una bombilla que habíamos tenido en la obra cuando hacíamos el piso y era de 200 vatios porque la Martín, que era la comadrona, decía que la tenían que haber llevado al hospital porque allí no había bastante luz pero cuando le puse aquella luz dijo así parece de día. Mientras yo fui a buscar al sereno para que él fuera a por la comadrona mi mujer se levantó y puso una olla de agua a calentar porque se daba cuenta que aquello venía rápido.
Cuando empezó a trabajar después de las vacaciones pidió de ir a las 6 de la mañana a hacer el trabajo, y así después de irme yo a trabajar se quedaba nuestro hijo mayor al cuidado de su hermano. El grande tenía poco más de 10 años y cuando llegaba la madre siempre nerviosa salía él corriendo para ir al colegio que por mucho que corría siempre llegaba tarde y le ponían faltas de puntualidad. Un día le dije yo al director de los maristas que no le pusiera faltas de puntualidad porque tenía que vigilar a su hermano hasta que venía su madre.
Ya dije anteriormente que para criar hijos así no es muy recomendable. Si sois buenos padres estaréis como la que tiene amores y se acuesta con su madre, tiene el cuerpo en la cama y el pensamiento en la calle. Pues lo mismo estábamos nosotros, con el cuerpo en el trabajo y el pensamiento en los hijos. Puede que tuviera razón mi hermana María cuando decía no a nosotros sino a otra gente a ver si pare la Escobala y no trabaja ya más, pero ella no lo decía de lástima, lo decía de envidia porque nosotros sin ayuda de nadie ya habíamos levantado un piso en la casa y ellos que como es sabido ole dio nuestra madre el dinero de la casa que no podía vender porque era para el tercer poseedor y la vendió ella. Aquello nuestro era para ellos digamos una envidia. Cuando yo me enteré de aquello, como entonces era tan creyente, le pedí a Dios que yo fuese de los cuatro hermanos el que tuviera menos riqueza eso por las cosas de la vida es así. Después, cuando vi que se empezaban a hacerse ricos si el tener mucho dinero es ser ricos, que se mueran todos antes que yo. Esto sé que no se cumplirá porque yo soy el mayor, y si sucediera tendría que prensar que sí hay Dios aunque nadie lo ha visto, ni nadie lo verá.
Pues mi hermana María se puso a trabajar con una que iba a vender a los mercados, que le dicen la de la pesca salada y allí se enteró ella cómo iba el negocio, y pidieron ellos un crédito para levantar en su casa un piso y en vez de hacer el piso compraron una furgoneta de segunda mano y los domingos iban a vender aceitunas y conservas por los mercados y el primer día que iban a Centellas mi cuñado como había niebla no se dio cuenta en una curva y la cogió recta y volcaron por suerte no le pasó a ellos nada.
Ya nos hablábamos nosotros, que cuando echó a mi madre y hermana Carmen de su casa estuvimos mucho tiempo sin hablarnos cuando me dijo mi madre lo que le había pasado a la María y a Pedro fuimos mi mujer y yo a verlos y yo le dije ese refrán, que ay de los gitanos que no quieren ver a sus hijos con buenos principios a mi hermana y a mi cuñado les pareció que les había dicho una ofensa pero el tiempo me dio la razón que todos los refranes son verdaderos y como lo que yo prefiero hacer es decir algo de mi vida aunque para ello también tengan que decir algo de los más allegados. Sólo diré que han tenido que no dormir todo lo que hubiesen tenido que dormir para hacer lo que han echo. Tienen más millones que pesan, y de hijos tienen cuatro: la hembra que se llama Ramoneta y ya tiene cuatro hijos 3 niñas y un niño, esa no está con ellos en el negocio. Los otros 3 varones; el que le sigue a la Ramoneta es Pedro y también tiene un hijo varón; le sigue Luís (también tiene un hijo varón) y el menor, Fernando, está soltero.
Mi cuñado ya hace años que no va a los mercados. Lo hacen los hijos y mi hermana María todavía va dos o tres días a Manlleu que tienen una tienda en el mercado o plaza municipal. María, mi mujer la Escobala como tú dices parió y siguió trabajando pero ya hace 14 años que sólo hace las cosas de su casa y tiene para vivir sin envidia ni ambición. Te deseo salud para que sigas juntando mucho dinero tu hermano Félix te lo desea de corazón y no te envidia nada de lo que tienes, ni a ti ni a ninguno de nuestros hermanos yo ya he dicho lo que dijo un día nuestro padre, que daría su vida y la dio porque sus hijos pudiesen comer todos los días y yo daría la mía porque todo el mundo (soy más ambicioso en eso que papá fue) pudieran vivir como estoy yo hoy, que sería posible. Pero como estás tú hoy no es posible que esté todo el mundo, pero prefiero que estéis así que no como estuvimos antaño. Adiós, María.
Vuelvo al trabajo que hacía en can Anglada. A lo primero se hacían las bovedillas de cemento y arena, y así pesaban mucho. Después pensaron que se le podía echar una parte de tierra volcánica, y traían una tierra de unas montañas que hay en Olot de un volcán que hubo por allí y con esa clase de tierra ya pesaban menos las bovedillas.
Pero después ya empezó a haber bovedillas de cerámica y el Pepito que es un buen comerciante un día fue a Aragón y en otros puntos de Cataluña también y empezó a traer de aquellas bovedillas y como los contratistas las querían esas mejor que las que hacíamos nosotros, el Pepito hizo la patente para traer él las bovedillas esas a la comarca empezó a quitar gente de los que hacíamos bovedillas a unos los echaban a los hierros que eran los que pertenencían al Anglada, a otros los echaron a las vigas, y a otros a donde hacía Roura los mosaicos y así nos quedamos el Manuel Rojas y yo. Y de los que estaban en las vigasm que también iban a destajo, había uno que se llama Pepe y le decíamos Pepillo. Ese había tenido un accidente con una moto que tenía y de una pierna quedó un poco cojo y cuando le dieron el alta como la mayoría de los obreros somos tan buenos con los compañeros de fatigas, le dijeron a Pepito que aquel no vendría como antes, hasta que no se restableciera no querían que trabajara con ellos y me dijo a mi el Pepito, Félix se va a venir aquí el Pepillo con vosotros hacéis más bovedillas para darle a él el jornal. Estuvo allí con nosotros hasta que cogió fuerza. Yo, la primera semana que estuvo él con nosotros cuando nos dieron los sobres le dije a Manuel vamos a darles a Pepillo cien pts cada uno que a él sólo le han dado el jornal y así lo hicimos mientras estuvo allí con nosotros.
El Pepillo nos agradeció aquella acción, y muchas veces nos dijo que lo que hicimos nosotros no son todos los que lo hacen.
El Manuel Rojas pertenecía en can Roura y en unas elecciones que hubo sindicales lo pusieron de enlace sindical entonces en muchas empresas ponían los dueños a quien ellos querían y como el Manuel no era capaz de hablar para pedir lo suyo por eso lo pusieron. Dio su mujer a luz en aquellas fechas y los tres días que le daban cuando daba la mujer a luz no se los pagaban ni era capaz de reclamarlos tuve yo que decirle a Pepito cuando le vais a pagar al Manuel los días de cuando su mujer dio a luz y me dijo él: Y por qué no lo ha dicho él? Yo creí que ya se lo habíamos pagado. Cuando nos pagaron la próxima semana se lo dieron. Un día me dijo el Manuel que quería ir a apuntarse para comprar un piso que habían hecho un bloque y ya los habían vendido y decían que iban a hacer otro y como él hasta para eso era corto me dijo quieres tu venir conmigo una tarde cuando demos de mano, y así lo hicimos. Lo que yo no pensaba era que yo iba a comprar también otro piso. Fuimos a ver a uno que se llama Illa. Y ese era el que se cuidava de aquello. El se quedó con el 1º 2ª, y yo con el 2º 2ª, los pisos valían, pagándolos a plazos, 316.000 pts. Había que dar 50.000 pts de entrada, y cuando nos dieran las llaves otras 50.000. Después, cuando nos iban a dar las llaves, nos dijeron que el que pudiera y quisiera si lo pagaba al contado le costaría 250.000 pesetas y podía hacer la escritura enseguida.
A mí y a mi mujer nos faltaban 15.000 pts para poderlo pagar al contado y fui un día a la casa de mi hermana Carmen a ver si mi madre me las quería prestar. Mi hermana me dijo cosas que le dije: si fueses un hombre iba a ser la tuya o la mía. Me dijo cabrón. Eso era en el piso que le tenía dejado el Molist a su marido. Mi madre me dijo que cada uno se apañara con lo suyo. Pues no me hizo falta nada de ella, porque hasta que nos llamaron para hacer la escritura pudimos nosotros ahorrar lo que nos hacía falta suerte como ya he dicho que ellos pudieron más con el comercio y mi cuñado Jordi con la pintura hacer lo que han hecho, si no me hubiesen estado odiando mis hermanos toda la vida porque con nuestro trabajo y nuestros ahorros hacíamos lo que ellos no podían hacer. Después se pudo comprar mi hermana Carmen un piso y por eso a lo mejor mi madre no me quiso prestar lo que le dije. Supongo que se lo daría a ellos y cuando ya tuvieron el piso estoy diciendo un piso y era una casa lo que compraron y cuando ya tuvieron su casa fue cuando mi cuñado Jordi dejó la mecánica y empezó en serio con la pintura.
Carmela cuando estoy escribiendo esto tenéis tres viviendas: dos casas y un piso en la costa. Si por lo que me han dicho os estáis haciendo otro piso aunque vosotros no me lo habéis dicho todavía pero aunque tuvierais doscientos mis pisos y doscientas mil casa ni os tendría envidia ni te diría lo que tú me dijiste el día que le dije a nuestra madre que me prestara el dinero que me hacía falta para pagar el piso que había comprado os deseo mucha suerte lo mismo que le he dicho a nuestros hermanos y que veáis a vuestros hijos casados y sean con sus mujeres tan felices como yo he sido y soy con mi mujer. Pondré los nombres de vuestros hijos como he puesto los de los otros sobrinos míos y vuestros: el mayor se llama José María, el segundo Jordi, el tercero Carlos y el pequeño David. Suerte a todos adiós Carmelilla como te decía aunque te lo pudo decir poco tiempo nuestro padre.
Y a ti cuñado Jordi te doy las gracias por querer a mi madre como lo estás haciendo, aunque ella os ayudó todo lo que pudo, hoy no tanto porque es mayor. Pero hay a quien se lo han hecho y no han sabido comprender. Gracias una vez más Jordi adiós.