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MARIA CARME LÓPEZ GARCÍA

DE SOLEDADES Y DE AMOR

 

Prólogo

Maria del Carme López García nació en la ciudad de Vic en 1948.
A los 30 años de edad, un trágico accidente partió su corazón en dos pedazos. La mitad le fue arrebatado por la muerte de su esposo y de una hija de 8 años. La otra mitad no tuvo más remedio, pese a todo, que sobrevivir, porque aún le quedaba la vida de su otra menor, de 4 añitos, y su propia vida. El hecho tuvo en ella secuelas irreversibles. Pero ante el desgraciado suceso, sólo la valentía y el coraje la hicieron adaptarse a su nueva situación y a luchar con denuedo por seguir adelante.
Para colmo, la muerte a los pocos años de sus queridos padres, que se habían dedicado enteramente a cuidar de ella y de su pequeña hija, la sumieron aún más en su profunda soledad.
Maria del Carme, en su silla de ruedas, con las cuerdas vocales paralizadas y sus manos inmóviles, era una mujer física y moralmente hundida. Mas su resistencia, su valor, su afán de vida y sobre todo su hija, le dieron fuerzas para salir a flote. Primeramente se refugió en la literatura. Fue así cómo empezó a sentir cierto alivio expresando su dolor en sentidos poemas que con gran dificultad llevaba al papel, aporreando, más con el corazón que con sus torpes y anquilosados dedos, las teclas de su máquina de escribir.
De gran sensibilidad y exquisito gusto, fue componiéndolos casi todos en métrica libre; poemas que fueron evolucionando a medida que su estado de ánimo y su fortaleza iban haciendo de ella una mujer nueva.
No sólo se aferró a la poesía como a un salvavidas providencial para paliar su dolor, sino que, amante de la pintura también, dedicó sus largas y espaciosas horas a llevar al lienzo hermosos paisajes y magníficos bodegones. Para ello, con el movimiento del hombro, lograba mover difícilmente su mano derecha, a la que hizo colocar una especie de férula entre la que fijaba a duras penas su pincel. De este modo iba pacientemente llenando sus cuadros de colorido, creando bellísimos óleos y acuarelas que más de una vez llegó a exponer.
El caso de Maria del Carme es un ejemplo vivo de voluntad y tesón digno de imitar por todos quienes han sufrido en sus carnes y en su vida un duro revés.
Ella pudo superar el suyo gracias a su ilusión y a su decidido empeño.
Los poemas que ha seleccionado para darlos a la luz reflejan sus estados de ánimo en los diversos momentos o circunstancias de su vida: desde el dolor más profundo, al principio, hasta el optimismo y alegría de vivir de sus más recientes versos.
El lector advertirá al leerlos una profunda sensibilidad, y sobre todo una mente lúcida que, afortunadamente, pudo quedar íntegra e ilesa dentro de su malogrado cuerpo. Gracias a la cual puede expresarse con gran facilidad en sus escritos y ha sabido extraer de su alma poemas tan bellos y sencillos como los que ahora tienes en tus manos.

Juan A. Ordóñez